En un momento crucial de la historia colombiana, el 7 de febrero de 1948, Jorge Eliécer Gaitán improvisó un contundente discurso, que más adelante se conocería como la ’Oración por la Paz’, todo esto durante la primera Marcha del Silencio llevada a cabo ese día en la Plaza de Bolívar. Allí, más de 50.000 personas se congregaron, no con pancartas ni consignas ruidosas, sino en un silencio absoluto y sobrecogedor, para clamar por el fin de la violencia política que ya empezaba a azotar el país. Este acto fue una poderosa manifestación cívica, una súplica colectiva por la concordia en un ambiente de creciente polarización.
«Señor Presidente: Os pedimos cosa sencilla, que cesen la persecución de las autoridades y el Gobierno contra los liberales. No os pedimos el sacrificio de vuestras vidas, ni el de la vida de ninguno de vuestros Ministros; les pedimos cosa sencilla, muy sencilla: que la sangre no siga corriendo; que la sangre que nutre la tierra de Colombia no siga siendo derramada por manos de los mismos colombianos.»